Por qué son tan garrulas algunas dependientas del comercio benaventano (otras veces son garrulos). Ayer entre en una tienda de teléfonos móviles que hay en la Plaza de la Madera con la intención de comprar un móvil, y salí de allí encabronado. Mejor dicho, me echaron.
Todo empezó hace cuatro días cuando pregunté en la susodicha tienda por un móvil; me dijeron que volviera a la semana siguiente porque el teléfono que me querían vender se había agotado. La sorpresa la lleve ayer cuando otra dependienta (perdón, semejante ejemplar no merece tal categoría), trata de engañarme: primero me dice que no ha llegado el móvil; después que la promoción se acababa el 31 de diciembre (al día siguiente); y finalmente me dice que nunca existió esa promoción.
Asombrado ante el patético comportamiento de la fulana (desconozco su nombre), trato de contenerme y le digo que me da igual la marca del teléfono, que me puede enseñar cualquier otro. Sin mirarme tan siquiera a la cara me dice con desdén que los mire yo en el escaparate.
Naturalmente me levanté y me fui de allí. Me compraré el móvil en Zamora. Imagínense si me tratan así cuando voy a comprar, ¿cuál será el trato cuando sólo vaya a hacer una consulta? Claro, eso depende de si tocas o no con la tonta de turno.
Ayer no era mi día de compras en Benavente; me fui a una tienda de regalos para niños en la calle Zamora. Cuando fui a pagar, otra sorpresa más; el precio no era el que yo creía y que marcaba el regalo. El precio era superior según el código de barras que indicaba en la registradora. La cajera dijo con altanería que lo que valía era lo que indicaba la máquina, el otro precio era un error. Pero, oiga, señora, el error será en todo caso de usted, no mío. Que pena. Compré; no merece la pena cabrearse más.
Lo peor de todo es que en el comercio benaventano este tipo de situaciones son más frecuentes de lo normal. Es cierto que también hay grandes profesionales, pero estas patanes emborronan el libro de reclamaciones…
miércoles, 31 de diciembre de 2008
sábado, 27 de diciembre de 2008
El cinismo de la Navidad
Estamos metidos en plena Navidad. Unas fiestas entrañables. Para mí son las fiestas donde el cinismo aflora con mayor fuerza entre la mayoría de las personas. Se dicen cosas que no se sienten realmente, demasiadas mentiras piadosas. Suelen decir que por estas fechas los corazones se ablandan. A mí no me interesa esa gente. ¿Qué pasa?, ¿que durante el resto del año lo tienen endurecido? ¿Y ahora es época de rebajas? Repito que no me interesa porque seguro que la calidad no es la misma. Hablando de rebajas, tampoco le falta razón a quien dice que la Navidad la inventó El Corte Ingles.
Aunque, ya de por sí, vivimos en una sociedad de consumo adornada por espectaculares campañas publicitarias; cuando llega la Navidad es difícil aguantarse y no dejarse llevar por la dulce corriente de la tentación.
Nos bombardean por todas partes que en estas fiestas nos tenemos que divertir. ¡Me niego, en rotundo, a divertirme a toque de silbato! Yo procuro divertirme siempre; si puedo hasta trabajando; no porque lo digan cuatro memos en la radio o en televisión. ¿Qué pasa, que cuando acaben las fiestas tenemos que estar tristes? Que le den.
No me gusta la falsa euforia, y en todo esto hay demasiada alegría fingida. Esto no tiene nada que ver con el verdadero espíritu navideño.
Los niños esperan estos días con gran ilusión, aparte de no tener escuela, por los regalos de Santa Claus (otro invento absurdo) o los Reyes Magos. ¡Qué ilusión, qué alegría les entra cuando ven los juguetes! Pero si té fijas, te das cuenta que esa alegría se le esfuma pronto al ver que su juguete favorito, ése que había visto en la tele, lo hace todo él solito con el simple hecho de tocar un botón. Solo le queda una alternativa: mirar, mirar, y mirar.
Son artilugios muy bonitos diseñados para llamar la atención, no solamente de los niños, sino de toda la familia, especialmente los padres; pero anulan por completo la capacidad creativa del niño. Su contacto más directo con el juguete es cuanto tiene que cambiarle las pilas. Con estos inventos que nos regala el progreso, la imaginación del niño se ve limitada de tal manera que si observamos la cara que pone cuando sigue las evoluciones del juguete de turno, vemos cómo su expresión está en un estado colindante a la idiotez. No es de extrañar que los niños se aburran como ostras a las dos horas de hacerle el regalo.
Felices Fiestas.
Aunque, ya de por sí, vivimos en una sociedad de consumo adornada por espectaculares campañas publicitarias; cuando llega la Navidad es difícil aguantarse y no dejarse llevar por la dulce corriente de la tentación.
Nos bombardean por todas partes que en estas fiestas nos tenemos que divertir. ¡Me niego, en rotundo, a divertirme a toque de silbato! Yo procuro divertirme siempre; si puedo hasta trabajando; no porque lo digan cuatro memos en la radio o en televisión. ¿Qué pasa, que cuando acaben las fiestas tenemos que estar tristes? Que le den.
No me gusta la falsa euforia, y en todo esto hay demasiada alegría fingida. Esto no tiene nada que ver con el verdadero espíritu navideño.
Los niños esperan estos días con gran ilusión, aparte de no tener escuela, por los regalos de Santa Claus (otro invento absurdo) o los Reyes Magos. ¡Qué ilusión, qué alegría les entra cuando ven los juguetes! Pero si té fijas, te das cuenta que esa alegría se le esfuma pronto al ver que su juguete favorito, ése que había visto en la tele, lo hace todo él solito con el simple hecho de tocar un botón. Solo le queda una alternativa: mirar, mirar, y mirar.
Son artilugios muy bonitos diseñados para llamar la atención, no solamente de los niños, sino de toda la familia, especialmente los padres; pero anulan por completo la capacidad creativa del niño. Su contacto más directo con el juguete es cuanto tiene que cambiarle las pilas. Con estos inventos que nos regala el progreso, la imaginación del niño se ve limitada de tal manera que si observamos la cara que pone cuando sigue las evoluciones del juguete de turno, vemos cómo su expresión está en un estado colindante a la idiotez. No es de extrañar que los niños se aburran como ostras a las dos horas de hacerle el regalo.
Felices Fiestas.
viernes, 26 de diciembre de 2008
Frase del día
La gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes.
José Martí
José Martí
viernes, 19 de diciembre de 2008
Frase y comentario del día.
¿Cuál es el primer deber del hombre? La respuesta es muy breve: ser un mismo.
Henrik Johan Ibsen
Sí, porque hay personas que sólo son el reflejo de lo que los demás quieren que sean. Charlie Chaplin diría:"Sé tú, e intenta ser feliz, pero sobre todo, sé tú."
Se piensa demasiado en el qué dirán.
Henrik Johan Ibsen
Sí, porque hay personas que sólo son el reflejo de lo que los demás quieren que sean. Charlie Chaplin diría:"Sé tú, e intenta ser feliz, pero sobre todo, sé tú."
Se piensa demasiado en el qué dirán.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
La chicharra
Cuando más grande es vuestra gloria, más cerca estáis de vuestra declinación.
Daniel Defoe
Daniel Defoe
martes, 16 de diciembre de 2008
La chicharra
La amistad no puede ir muy lejos cuando ni unos ni otros están dispuestos a perdonarse los pequeños defectos.
Jean de la Bruyere
Jean de la Bruyere
lunes, 15 de diciembre de 2008
La chicharra
Pocos hombres tienen la fuerza de carácter suficiente para alegrase del éxito de un amigo sin sentir cierta envidia.
Esquilo de Eleusis
Esquilo de Eleusis
viernes, 12 de diciembre de 2008
Comentario del día
Ayer dieron comienzo las Tertulias Literarias del Torreón. En el Parador de Benavente. Estas tertulias son una excusa para hablar de…
Un alegato sobre ese acto íntimo y silencioso como es la Lectura. Estáis invitados para la siguiente tertulia que se celebrará el próximo día 15 de enero en el Parador de Benavente.
Un alegato sobre ese acto íntimo y silencioso como es la Lectura. Estáis invitados para la siguiente tertulia que se celebrará el próximo día 15 de enero en el Parador de Benavente.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Frase del día
La gratitud de muchos no es más que la secreta esperanza de recibir beneficios nuevos y mayores.
François de la Rochefoucauld
François de la Rochefoucauld
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